14/7/13

Tercer día

Preguntas sin respuesta para mentes libres de juicios.
Respuestas sin preguntas para no invadir el derecho a la libre elección y el respeto hacia el dolor que se huele.
Besos de consuelo y silencio de apoyo.

Me siento muy acompañada.

13/7/13

Segundo día

Disparo certero despierta el dolor que había amurallado cual Frida Khalo.
Me quiebro como rama vieja cansada de doblegarse al viento que la zarandea con fuerza.
Es hora de cerrar el círculo y seguir adelante, ya no hay sitio para mí aquí.

Aprendo a desprenderme de ti.

12/7/13

Primer día

Suave temperatura mecida por una brisa fresca me devuelve el sonido de las plantas, cierro los ojos, lleno mis pulmones y con ellos mi alma.
El color de las flores estalla ante mi mirada serena, clavándose dolorosamente como un puñal que me desgarra.

Siente lo que te dice el tiempo... hoy me dice que éste es el camino, el único camino que me devuelve la paz, mi soledad.

7/6/11

"La voz a ti debida" me devolvió tu recuerdo

Imposible llamarla.
Yo no dormía. Ella
creyó que yo dormía.
Y la dejé hacer todo:
ir quitándome
poco a poco la luz
sobre los ojos.
Dominarse los pasos,
el respirar, cambiada
en querencia de sombra
que no estorbaba nunca
con el bulto o el ruido.
Y marcharse despacio,
despacio, con el alma,
para dejar detrás
de la puerta, al salir,
un ser que descansara.
Para no despertarme,
a mí, que no dormía.
Y no pude llamarla.
Sentir que me quería,
quererme, entonces, era
irse con los demás,
hablar fuerte, reír,
pero lejos, segura
de que yo no la oiría.
Liberada ya, alegre,
cogiendo mariposas
de espuma, sombras verdes
de olivos, toda llena
del gozo de saberme
en los brazos aquellos
a quienes me entregó
-sin celos, para siempre,
de su ausencia-, del sueño
mío, que no dormía.
Imposible llamarla.
Su gran obra de amor
era dejarme solo.

6/3/11

La vida es lo que tú tocas.

La voz a ti debida

Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
La vida es lo que tú tocas.

De tus ojos, sólo de ellos,
sale la luz que te guía
los pasos. Andas
por lo que ves. Nada más.

Y si una duda te hace
señas a diez mil kilómetros,
lo dejas todo, te arrojas
sobre proas, sobre alas,
estás ya allí; con los besos,
con los dientes la desgarras:
ya no es duda.
Tú nunca puedes dudar.

Porque has vuelto los misterios
del revés. Y tus enigmas,
lo que nunca entenderás,
son esas cosas tan claras:
la arena donde te tiendes,
la marcha de tu reloj
y el tierno cuerpo rosado
que te encuentras en tu espejo
cada día al despertar,
y es el tuyo. Los prodigios
que están descifrados ya.

Y nunca te equivocaste,
más que una vez, una noche
que te encaprichó una sombra
-la única que te ha gustado-.
Una sombra parecía.
Y la quisiste abrazar.
Y era yo. 

Pedro Salinas